Argentina: 10 lugares para visitar

GUÍAS DE VIAJE / SLIDER / 10 mayo, 2018

La portada del New York Times Travels anuncia 52 lugares en el mundo para visitar durante 2018. Entre ellos están Chile, Perú y Bolivia, pero Argentina no figura. Nosotros preparamos un informe sobre los 10 lugares de nuestro país para visitar durante 2018. Algunos son más conocidos que otros, pero con Ochentamundos los visitamos a todos, con lo cual, la información que te damos es de primera mano. Te aconsejamos que leas, amplíes la información y… ¡salgas de viaje!


Escribe Guillermo Gallishaw. Fotos de GG y Juan Martín Roldán

1 Esteros del Iberá

El turismo en los Esteros del Iberá nació y se desarrolló en la década del ’80, y luego de un crecimiento sostenido, Colonia Carlos Pellegrini se convirtió en el mejor lugar de nuestro país para ver fauna. Pero ahora, otra zona de los esteros se propone como una nueva alternativa: es el Parque Nacional Iberá, que avanza cerca de Ituzaingó, San Miguel y Concepción del Yaguareté Corá. Allí, la fundación Conservation Land Trust hizo una trabajo formidable de reintroducción de fauna autóctona y de revalorización de la cultura local, y se puede visitar desde los Portales Cambyretá, San Nicolás y Carambola. A eso se le suma el trabajo de privados con propuestas nuevas de alojamiento y actividades. Entonces, además de salir a navegar y ver animales casi extintos como el ciervo de los pantanos, ahora es posible disfrutar de celebraciones locales y de la típica gastronomía del estero.


 


2 Meseta de Somuncurá

¿Sabés dónde está? ¿Oíste hablar de este lugar? Es una altiplanicie (a 1200 msnm) ubicada en la zona central de las provincias de Río Negro y Chubut, muy poco poblada y (atención) que casi no tiene contaminación humana. Los paisajes son bellísimos, ondulados, con pastos ocres y lagunas de agua transparente; es común ver manadas de guanacos y, con un poco de suerte, algún zorro. Además, toda la región siempre tuvo un halo de misterio, por haber sido habitada durante miles de años por los tehuelches, que plagaron la meseta de leyendas. En la actualidad, los accesos están más a la mano con el asfalto de la RP23 y el funcionamiento del tren patagónico. Cuando nosotros la visitamos, hicimos un recorrido entre Maquinchao, El Caín y Los Menucos, durmiendo en la escuela de El Caín. Sin dudas, es un destino para visitar cuanto antes, ya que aún es poco conocido y vas a encontrar un escenario puro, casi diría virgen de visitantes.



3 Cachi

Ríos, montañas, viñedos, hoteles, gastronomía, calidez, colorido. Cachi se convirtió en un destino central de Noroeste Argentino, con una propuesta turística variada y con servicios cada vez mejores. Además, todo el camino para llegar aquí desde Salta es un verdadero encanto de colores. Está en el Norte del gran valle Diaguita Calchaquí y te permite conocer a la cultura local desde cerca, tanto visitando comunidades originarias, como participando de sus festividades y degustando platos típicos de la región. Algunos imperdibles son el ovnipuerto (porque en los cielos de Cachi es común ver objetos voladores no identificados), el camino que va a Cachi Adentro, las visitas a los viñedos, los paseos hacia Payogasta o hacia San Carlos, el Museo, las tardes en la plaza, sentarse a merendar en el Bar de Oliver, o ir a la noche a la pista de aterrizaje a ver cielos de mil estrellas.



4 Villa Pehuenia

Steven Spielberg rodó parte de Jurassic Park aquí. En realidad, no fue en Villa, sino ahí cerca, en Paso de Arco, donde un amplio valle con bosques de araucarias araucanas hace imaginar que, en cualquier momento, aparecerá un dinosaurio. Y lo cierto es que tampoco está confirmado que Spielberg en persona haya estado. Pero así es Pehuenia, una zona de mitos y leyendas, con escenarios poco visitados pero que en los últimos diez años creció de forma sostenida. Está en el centro-norte de Neuquén, bien sobre la Cordillera, con los lagos Aluminé y Moquehue como protagonistas centrales del paisaje. Lo distintivo son los bosques de araucarias araucanas, un árbol con ejemplares milenarios y un fuerte significado para la cultura mapuche. De hecho, aquí vive una numerosa comunidad de este pueblo originario. Hay cabañas y hosterías bellísimas, algunos restoranes con gastronomía gourmet (los platos con trucha son únicos) y unos pocos operadores turísticos que te llevan a remar, pescar, navegar en velero, caminar. Dos recomendaciones clave: en el camping Trenel (lago Moquehue) hay una tirolesa y otras actividades rodeadas de bosque; y el guía Alejandro Biondini (es intérprete ambiental) hace las mejores salidas en canoas. Otro dato: subir al volcán Batea Mahuida (es sencillo) y ver el atardecer desde arriba.



5 Antofagasta de la Sierra

Probablemente sea el destino más incómodo de esta lista, pero no tengo dudas de que es el más espectacular: dunas gigantes, volcanes de color negro azabache, eternas pampas de color ocre, manadas de vicuñas correteando libres, salares perdidos en el medio de la nada, el increíble y extraño paisaje del Campo de Piedra Pómez. Se trata del altiplano catamarqueño, que poca gente visita justamente por lo incómodo de llegar hasta allá, porque primero hay que ir hasta Las Juntas (cerca de Londres y Belén), tomar la RP43 y desandar algo más de 200 kilómetros que pueden demandar hasta cuatro horas. La ruta ahora está asfaltada (siempre hay algún tramo en reparación), pero como vas siempre en ascenso, lleva más tiempo. Pero te aseguro que todo el viaje atraviesa paisajes que nunca viste. Hoy, Antofagasta de la Sierra cuenta con un puñado de hoteles y algunos prestadores de servicios. Lo mejor es ir en vehículo propio y salir a recorrer. Los imperdibles son el Campo de Piedra Pómez, los volcanes cercanos al pueblo, el Salar Antofalla o, más espectacular aún, el Salar del Hombre Muerto con las ruinas de una antigua explotación minera. De camino a este último, podés desviarte unos pocos kilómetros por una huella y visitar la comunidad Los Nacimientos, donde viven unas pocas familias pero que te van a recibir con los brazos abiertos, un mate y tortas fritas. Ellos, de a poco, buscan dedicarse al turismo sustentable. Preguntá por Felipa Mamanis y decile que vas de nuestra parte.



6 Córdoba Capital

Darte la oportunidad de conocer una ciudad como Córdoba puede ser fascinante, pero necesitás estar abierto a lo que ella te propone. Antes de arrancar, deberías saber que tiene 444 años de historia, desde cuando fue fundada por Jerónimo Luis de Cabrera en 1573; desde esa fecha hasta nuestros días, pasó de todo. Es por eso que la clave está en ir predispuesto a descubrirla y, en lo posible, encontrar un buen guía para que te oriente. En nuestro caso, anduvimos 24 horas con una guía que, antes que nada, nos ubicó: “El casco urbano es una suerte de cuadrado de 24 kilómetros por lado, atravesado por el río Suquía”. Caminamos casi todo el día en el que anduvimos por plazas, monumentos históricos, iglesias, museos, calles repletas de estudiantes, la Universidad… Y aprendimos sobre la influencia de La Compañía de Jesús en la historia de la Ciudad, acerca de cómo vivían los Comechingones previo a que llegaran los españoles, sobre la importancia que tuvo y tiene la Universidad, y muchas cosas más. Al ser la segunda ciudad más importante de Argentina, cuenta con una propuesta gastronómica y hotelera varidísima. Pero también tiene una noche única, casi diría más intensa y singular que la de Buenos Aires, porque la movida que hay en la calle Güemes y sus alrededores es colorida, pintoresca y muy atractiva, con bares modernos, restoranes gourmet y shows de todo tipo.



7 El Chaltén

Algo raro sucede en El Chaltén: cada vez hay más visitantes, pero la mayoría es de otros países. Será que nosotros, los argentinos, no estamos viendo algo que ellos sí… ¿Qué hacen estos turistas? Salen a caminar todos los días, aunque llueva o haga frío. Es que Chaltén es la Capital Nacional del Trekking, y hay senderos y picadas para todos lados y de diferentes niveles de dificultad. Entonces, cada día podrías hacer un sendero diferente. Hay caminatas de dos horas, como la que va a la laguna Capri (con una vista increíble del Fitz Roy), o la que va a un mirador del cerro Torre, y ambas salen desde el pueblo. Esta última forma parte de otro sendero más largo que te lleva hasta la laguna Torre, pero que demanda 9 horas entre ida y vuelta. Pero, además de caminatas, hay alternativas de actividades muy cerca del pueblo, como visitar el refugio El Cóndor y hacer una bajada en kayaks por el río de las Vueltas, o ir a navegar el lago Viedma para llegar hasta el impresionante glaciar del mismo nombre. Todo el viaje a El Chaltén es una aventura en sí misma, por el paisaje, pero también por el clima, que es cambiante. Para dormir, hoy en día hay opciones variadas, lo mismo que para comer. La contra es que, como suele ser visitado por extranjeros, los precios son un poco más elevados que en Calafate, por ejemplo.



8 Malargüe

Hay al menos tres buenas razones para pensar seriamente en un viaje a Malargüe: Caverna de las Brujas, La Payunia y Las Leñas. Pero esas son las principales, porque después hay otras muy atractivas. En Argentina no vas a encontrar un paseo como el de la Caverna de las Brujas. Se trata de una experiencia de espeleología alucinante, donde entrás en un mundo subterráneo plagado de pasadizos misteriosos y estalactitas y estalagmitas por doquier. Además, allí te contarán el origen del nombre del lugar. Para ir, primero tenés que pasar por la Oficina de Turismo de Malargüe, pagar el ingreso y coordinar con un guía (por las normas de seguridad, no es posible entrar por tu cuenta). Respecto de La Payunia, tampoco vas a encontrar algo igual en el país, ni en el mundo, ya que se trata de la mayor densidad de volcanes del planeta (hay cerca de 800). También hay que ir con guía (que contratás en Malargüe), ya que es reserva provincial, y se accede en vehículo 4×4. Y nuestra tercera razón para visitar este rincón de Mendoza es Las Leñas, el centro de deportes invernales más grande del país. Pero, además, lugares como el Valle de los Molles, o mismo el tramo de la Ruta Nacional 40, también son buenas excusas para organizar un viaje a Malargüe.



9 Puerto Pirámides

Cosas a favor: está al lado del mar, es apacible (ideal para un descanso genuino), hay ballenas y pingüinos, tiene buenos lugares para comer, su gente es amable y a los niños les fascina. La mayoría de las personas que decide ir a ver ballenas, reserva su hotel en Madryn y contrata excursiones a Pirámmides, lo cual es una excelente alternativa, pero Puerto Pirámides tiene algo único: paz. El pueblo está sobre la costa del Golfo Nuevo y, entre mayo y noviembre, la ballena franca austral llega hasta sus aguas para reproducirse o parir a sus crías. Las excursiones para verlas salen de allí mismo, aunque también podés verlas desde distintos puntos de la costa. Además, en septiembre ya llegan los pingüinos de magallanes a la Península Valdés. El pueblo está muy bien preparado para recibir visitantes, y la última vez que fuimos (hace apenas seis meses) encontramos una buena variedad de restoranes y bares, como así también diferentes hospedajes. Si tenés hijos pequeños, es de los mejores lugares del país para ellos, porque jamás se olvidarán de la experiencia de haber visto ballenas tan de cerca.



10 Bañado La Estrella

Tomar la decisión de ir a una de las provincias menos visitadas de Argentina puede generarte dudas, pero nosotros viajamos ya varias veces a Formosa y te aseguro que es una tierra de descubrimiento. Uno de sus mejores secretos es el Bañado La Estrella, un ecosistema alucinante que se produce por un gran desborde del río Pilcomayo, y que convierte a la zona en el tercer bañado más grande del continente (después del Pantanal de Brasil y los Esteros del Iberá). Son 400.000 hectáreas de unos 220 kilómetros de largo, por 20 de ancho, y las áreas inundadas varían según el régimen de lluvias que alimentan al Pilcomayo. La mejor forma de llegar es a través de la localidad de Las Lomitas, ya que allí tenés algunos hoteles y restoranes como para hacer de base. A 35 kilómetros de ruta asfaltada en buen estado podés llegar a un buen sector del Bañado, desde el que se ven un sin fin de aves, yacarés y hasta alguna curiyú (una bellísima boa constrictor). Si tenés una cámara con un buen teleobjetivo, o unos prismáticos, prestale atención al jabirú (Javiru mycteria), la majestuosa cigüeña de colores blanco, negro y rojo que allí se deja ver con regularidad. ✪

Bañado La Estrella



 







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