Viaje a Cachi

VIAJES / 22 febrero, 2018

Los Valles Calchaquíes regalan paisajes de montañas y ríos espectaculares, gastronomía típica de la región y un trato siempre cálido de sus pobladores. Viajamos a Cachi para descubrir los secretos de esta bellísima y apacible comarca salteña. Visitamos el museo, fuimos al ovnipuerto, caminamos sus montañas y participamos de un intercambio cultural con una comunidad diaguita calchaquí.


Escribe y saca fotos Guillermo Gallishaw

Antonio Zuleta es especialista en OVNIs. Me lo encuentro en el Ovnipuerto de Cachi y me explica cosas al respecto. Pero un poco me distraigo. Hay un cuento de Landriscina en el que cuenta acerca de la forma de hablar de los salteños. Dice que hablan en poesía. Eso me parece cuando escucho a Zuleta, con su sombrero blanco de ala ancha y su campera de cuero negra. Habla en forma de melodía, acortando y alargando palabras, cambiándoles la acentuación a algunas. Es agradable escucharlo, y también es intrigante, porque cuenta de objetos que él y muchas otras personas vieron y ven en los cielos de Cachi. También me dice que, unos años atrás, vino un suizo atraído por la energía del pueblo. “Un día pasaron dos ovnis por acá, pararon justo donde estamos ahora y le pidieron que hiciera esta estrella. Y él la hizo.” Es enero y apenas corre una brisa en esta tarde noche. Antonio me contó de unos cinco casos de personas (incluido él) que vieron luces en el cielo; todas eran situaciones muy verosímiles y me atraparon de principio a fin. Cuando intuyo que falta poco para que nos vayamos del ovnipuerto y veo que ya es casi de noche, apunto la cámara al cielo y la pongo a grabar. En una de esas me vuelvo con un ovni en mi cámara.



Porqué visitar el museo

Antes de viajar a Cachi, un amigo me había anticipado que Cachi no tenía mucho para ver o hacer. “Es un lugar de paso”, me dijo. Otro que estaba en la mesa creyó lo que dijo mi amigo. Ahora éramos tres en una mesa: dos con un punto de vista, y yo, con otro radicalmente opuesto. Ya había ido a Cachi unas cinco veces y siempre me quedaba algo por hacer. Y hablando de puntos de vista, el arqueólogo del museo de Cachi me contaba que el nombre calchaquí (por los aborígenes que habitaban la región) proviene de relatos de los españoles. “Pensemos en personas europeas que llegan acá, que no conocen el código cultural ni el territorio, y que escriben acerca de lo que ven. Y a través de esa escritura, nosotros consideramos si eran o no calchaquíes”, me decía Jorge Cabral. Imagínense si mi amigo, que dice que en Cachi no hay nada, fuera el promotor turístico de Salta…

Visitar el museo fue súper interesante para entender mejor el lugar y si historia. En media hora, como mucho, lo recorrés. Y si te tomás el tiempo de observar y leer, te llevás un buen panorama de todo.



El pueblo y sus habitantes

También la iglesia es muy pintoresca, y sus calles, con casas de estilo colonial. Cuando fuimos, justo eran los días previos al Festival de Música Calchaquí, y en la plaza había mujeres vendiendo empanadas (comí varias), la radio local transmitía en directo desde allí y todo el pueblo estaba de fiesta. Nos sentamos varias tardes a tomar una súper merienda en el bar de Oliver, frente a la plaza. Si nunca fuiste, tenés que saber que es un clásico y, además, todo lo que ofrecen es de primera. Es más, si Martín Oliver anda por ahí y le dan ganas de charlar, no te pierdas de escuchar sus historias de viajes en moto por todo el mundo.

Casi de casualidad, conocimos a Mariano Cornejo, una artista plástico de Salta, que ahora vive entre Cachi y Molinos. Con él charlamos mucho acerca de la historia de los antiguos habitantes de la región. Mariano tiene un profundo conocimiento del arte rupestre y nos llevó hasta unos petroglifos, a unos kilómetros al Sur de Cachi. Entre otras cosas, nos explicaba que los antiguos pobladores de estos valles, usaban elementos sagrados con funciones domésticas. Por ejemplo, grababan en piedras la figura de un felino, un animal sagrado que, además, era utilizado para indicar las fuentes de agua. Entonces, un pastor que recorría la zona con su ganado y veía la figura del felino grabada en una piedra, sabía que muy cerca de allí  había una fuente de agua.



Mas cosas para hacer

En las afueras del pueblo, camino hacia Cachi Adentro, hay algunos viñedos que abren sus puertas a los visitantes. Miraluna, por ejemplo, también ofrece estadía en unas cabañas, con un entorno bellísimo de montañas. También existe la Red de Turismo Diaguita Calchaquí; nosotros hicimos una caminata con Ariel Prieto por la zona de Las Pailas (lo podés contactar por Facebook; están como Turismo Diaguita Kallchaki). Algo que creo que es imperdible es ir a la noche a la pista de aterrizaje de aviones que hay afuera del pueblo: si está despejado, es un re lugar para ver estrellas (y ovnis, tal vez). Si disponés de auto, un buen  plan es salir hacia el Sur por la RN40 y recorrer los Valles Calchaquíes hasta Cafayate y Amaicha del Valle (este último es en Tucumán).

Dónde dormir, dónde comer

Si bien Cachi sigue siendo un pueblo y cuenta con algo más de 500 plazas hoteleras, la oferta es bien variada. Nosotros paramos en el Hostal Camino del Inca (están en Facebook; su mail es elcaminodelinca@hotmail.com), con habitaciones limpias, un patio interno hermoso y una gastronomía básica pero siempre con buenos precios y excelente calidad (las empanadas de quínoa son únicas). También hay alternativas boutique, como El Cortijo, o mismo el tradicional La Merced del Alto.

Para comer también hay de todo. Lo de Oliver es un clásico, frente a la plaza (tienen un desayuno – merienda con huevos revueltos, mermelada artesanal y pan de campo…), pero también, sobre esa misma calle, hay propuestas como la de Viracocha donde te sirven platos típicos (los tamales, las empanadas y las cazuelas, de lo mejor). El restorán de El Cortijo también es excelente, con platos de ingredientes locales pero más gourmet.

Para llegar a Cachi desde Salta, hay opciones de colectivos de línea. Nosotros esta vez fuimos sin auto; nos tomamos un avión a Salta y, desde allí, nos llevó un amigo. Pero es posible contratar un remis compartido. Hay tres o cuatro agencias en Cachi que ofrecen el servicio. Un remis para vos solo cuesta cerca de mil pesos. ✪




 







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