Una esquina cualquiera

CULTURA / Destacada / 15 noviembre, 2017

El Chaltén es uno de esos lugares entrañables y místicos de la Argentina, por su entorno y por la cultura de montaña que se respira. Pero, además, tiene varias curiosidades, y una de ellas es que en una esquina se cruzan dos personajes emblemáticos de nuestro país. Uno es el luchador más aguerrido del Norte Argentino; el otro fue un pionero de la Patagonia en tiempos donde, literalmente, no había nadie.


Escribe y saca fotos Guillermo Gallishaw 📝📷

Una mañana de primavera me levanto temprano en la hostería El Puma, en El Chaltén (Santa Cruz). Podría haber dormido hasta tarde, pero la ansiedad me ganó en mi primera mañana en este pueblo que, aún dicen, es el más joven de la Patagonia, ya que fue fundado el 12 de octubre de 1985 (yo tenía 10 años y estaba en quinto grado del colegio primario). Mi actividad para el día es ir a caminar y escalar en los hielos del glaciar Viedma, el segundo más grande del Campo de Hielo Continental. Pero la salida es recién a las diez, así que me voy a caminar un rato por las calles del pueblo y, en seguida, me llaman la atención varias cosas: una tienda que se llama Muuucho Amor (así, con tres Us), un micro del que bajan sólo extranjeros (vienen durante todo el año, pero sobre todo en esta época), el cerro Torre que se deja ver bien diáfano, y una esquina que me da curiosidad: donde se cruzan las calles Andreas Madsen y Martín Miguel de Güemes.

 

Madsen, esquina Güemes

La historia de Madsen estuvo marcada por la búsqueda (inconsciente) de su destino, cuando apenas tenía 15 años. Había nacido el 17 de octubre de 1881 en Handbjerg, una aldea en la costa de un fiordo del Noroeste de Dinamarca, y durante su infancia lo habían mandado a trabajar en granjas de la Jutlandia Septentrional, en condiciones climáticas realmente duras. Así fue que a los 15 años se escapó de su casa y empezó a trabajar en el puerto, donde encontró empleo como grumete y pasó casi cinco años navegando distintas costas europeas, hasta que logró embarcarse en un plan excitante: se subió a un barco que lo trajo hasta Argentina, allá por 1901. Al principio de este párrafo decía que Madsen buscó su destino y me refería a que, desde aquella aldea remota de Dinamarca, terminó en el barrio de La Boca donde, finalmente, se incorporó a la Comisión de Límites que dirigía el Perito Moreno. Los relatos de Madsen sobre su viaje en barco a Madryn, y luego en tren desde Trelew hasta la Cordillera para, más tarde, explorar la zona del lago Buenos Aires, son tan intensos como inquietantes. Imagínense en aquellos años en la región de lo que hoy es el Parque Nacional Patagonia…

En 1903 llegó a la costa del lago Viedma, el mismo que estoy a punto de navegar ahora para alcanzar los hielos del glaciar del mismo nombre. Me parece un sitio tan bello como indómito, y me cuesta imaginar a Madsen a principios del siglo pasado. Es aquí donde Andreas conoce al alemán Fred Otten, un taxidermista y buscador de oro que estaba afincado en la región. Según describe el sitio web Walk Patagonia, Madsen trabajó en algunas estancias hasta que, finalmente, se estableció a la vera del río de las Vueltas, justo en frente donde, ochenta años después, se fundaría El Chaltén. “Con el tiempo llegó a tener 2000 ovejas, respetable cantidad si se tiene en cuenta las difíciles condiciones del terreno, y el acoso constante de los pumas, tan frecuentes por aquellos lugares, y contra los que el sufrido pionero libraba constantes cacerías invernales siguiendo el rastro fresco sobre la nieve”, se describe en Walk Patagonia. En su libro La Patagonia vieja, Madsen habla de la cantidad de zorros colorados que se acercaban a la noche, a la espera de que les tiren un hueso; pero lo que más me llama la atención es que describe al paisaje con bosques llenos de ciervos. Hace referencia al huemul, una especie que hoy está en serio riesgo de extinción. La historia de este hombre es apasionante, sobre todo por las experiencias vividas en semejante escenario, en una época donde la Patagonia era un sitio realmente inhóspito. Allí formó su familia y hasta fue de gran apoyo para las primeras expediciones a las agujas de granito que él mismo adoraba. Por eso me detuve a sacar una foto a esta esquina, en la que Madsen comparte cartel con Güemes.

Güemes, esquina Madsen

La historia de Martín Miguel de Güemes ocurre casi un siglo antes que la de Madsen, y tiene un tono marcadamente heroico, de lucha aguerrida y de liderazgo mesiánico. Todo sucede a más de tres mil kilómetros de la casa de Madsen, ya que Güemes nació en la provincia de Salta en 1785, es decir, dentro del Virreinato del Río de la Plata. Y moriría el 17 de junio de 1821, también en Salta, pero ya siendo provincia de una Argentina en plena formación. Su vida estuvo marcada por una intensa carrera militar, pero uno de  sus logros más destacados fue la formación de un ejército formado por gauchos. Para darle una real dimensión a aquella lucha, hay que conocer a esa estirpe norteña de hombres verdaderamente rudos: un tipo humano que se asentó desde principios del Siglo XVII en la zona rural de Salta y que tenía características únicas de hábitos seminómades y, a la vez, era gran jinete; y, por supuesto, conservaba los rasgos sobresalientes de sus antepasados mestizos (español y aborigen). La naturaleza donde nace y se forma (en las inmensidades y hostilidades de los montes y selvas de la región), y los arriesgados trabajos (entre los animales cimarrones, chúcaros y las fieras), forjaron su carácter en la lucha diaria; contaba solamente con el caballo y sus armas gauchas para afrontar la muerte permanente. En aquel contexto de deseo profundo de independencia, Güemes recurrió a ellos y sus familias para frenar el avance realista. “Cuando la voz del Jefe se alzó pidiendo el concurso para defender la patria invadida por los realistas, todo el gauchaje acudió, abandonando sus ranchos, mujeres, hijos y labores, para convertirse en los magníficos centauros inmortalizados con el nombre de Los Gauchos de Güemes”, describen en el sitio oficial que hoy tienen quienes mantienen vivo el recuerdo de aquel ejército. Un dato no menor es que, Güemes, con aquel ejército gaucho, tuvo una influencia decisiva para que San Martín avanzara hacia Lima. Al leer la historia de Güemes (controvertida en algunos aspectos), me llama la atención la terrible convicción patriótica de este hombre que, aún en su lecho de muerte, les hizo jurar a sus soldados que nunca aceptarían ningún trato que beneficiara a los realistas. Murió a los 36 años en la Cañada de la Horqueta, después de una herida de bala. Parte de la historia de los Gauchos de Güemes la podés leer en este link.

Mi día en El Chaltén

Después de contemplar esa esquina, con el Torre de fondo, me subí a la combi que me llevaba hasta el glaciar Viedma. Otras cosas que hice en El Chaltén:

✔️ caminar (¡es la Capital Nacional del Trekking!). Las sendas están bien marcadas y en todos lados te dan mapas con referencias.

✔️ fui hasta el Refugio Laguna El Cóndor, para el lado del lago del Desierto. Es un lugar de ensueño, con algunas cabañas en medio del bosque y a la vera del río de las Vueltas.

✔️ navegué en kayak el río de las Vueltas, con una vista única del Fitz Roy. La bajada la hace Fitz Roy Expediciones. ✪

 



 







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