Deberías conocer Formosa

Destacada / VIAJES / 22 Marzo, 2017
Paradojas: es la provincia menos visitada y, a la vez, la que más nos sorprendió. Viajamos 10 días por Formosa, conociendo su gente y visitando sus áreas protegidas. Ruta, mate y muchas fotos, como más nos gusta viajar. Escribe Andrés Messiga. Sacan fotos Felicitas Bonino y Juan Martín Roldán.

La primera vez que fui a Formosa tuve miedo. Entramos desde Chaco por la ruta provincial 95 con un Jeep Wrangler último modelo. Habíamos salido de Buenos Aires treinta días antes y habíamos recorrido todo el Nordeste argentino. Iba con Juan Martín Roldán, periodista y fotógrafo, porque estábamos produciendo un libro para Jeep Argentina. Ni bien cruzamos el Bermejo y entramos a Formosa, vemos unos conos naranjas y, detrás, un oficial de la policía que nos sale al cruce a paso lento. Levanta la mano para que frenemos y de la garita sale su compañero. Los dos miran el Jeep de arriba abajo y de punta a punta, pero en cámara lenta. La noche anterior habíamos estado en un campo en la provincia de Chaco y el capataz de la estancia nos había contado historias pasadas y recientes sobre bandidos rurales y policías corruptos. “A veces estás en un destacamento en el medio de la nada y no sé qué es peor. No sabés lo que te puede pasar”, nos había dicho Cacho, con un tono de cuento de terror.

La cuestión es que cuando los policías nos rodean observando el Jeep tan detenidamente, a Juan y a mí se nos vino a la memoria el cuento de Cacho. Por esta ruta estimo que no pasaba nadie desde hacía varios días, ya que no es el paso más transitado, así que pensamos que los policías estaban aburridos. “Digámosle que somos periodistas, así no nos joden”, me dice Juan. Le digo que no, que puede ser peor. Los policías estaban mirando hacia adentro en la parte de atrás y algo se decían entre ellos.

Bañado La Estrella

Bañado La Estrella

Me preocupaban los equipos de fotografía… Los dos policías se acercan desde atrás hasta las ventanillas y Juan se pone nervioso. Tengo los documentos en la mano y ni bien los tengo al lado, les estiro la mano para los vean. No me los agarra y me dice, en tono campechano: “Güen día seior”. “Buen día oficial”, le respondo, y el tipo me descoloca para siempre: “Qué motor tiene esta nave, che”. Los dos oficiales nos habían visto venir de lejos y nunca habían visto este nuevo modelo de Wrangler. Nos quedamos hablando un rato largo y hasta nos convidaron mate y tortas fritas. Al fin habíamos cruzado el Bermejo por primera vez en nuestras vidas. Al fin estaba en Formosa, por primera vez.

Hay pocas cosas tan ingratas como el rumor. Por ejemplo, el rumor de que Formosa no es una provincia para visitar, donde no hay nada, donde no se puede vivir del calor que hace y no sé cuántas cosas más. Eso es muy cruel e injusto, tanto para la provincia (porque, debido a ese rumor, la visita poca gente), como para el potencial turista (porque nunca termina de saber qué tal es Formosa ya que, antes de viajar, desiste porque cree que es… ¡fea!). Personalmente, me pareció uno de los lugares más impactantes del país. Desde hace un año y medio, un genio de la comunicación pensó una campaña de promoción que dice, simplemente, “Formosa quiere decir hermosa”. No puedo estar más de acuerdo. Resulta que la palabra formosa viene de fermoza que, en español antiguo, quiere decir la más hermosa. También hay una versión que dice que el Coronel Fontana (responsable de la ubicación geográfica de la actual capital de la provincia), al observar una curva del río Paraguay, exclamó: “¡Qué vuelta fermoza!”. En fin… La cuestión es que mi primera impresión de esta provincia fue de asombro por su belleza. Los atardeceres en el Parque Nacional Pilcomayo no tienen igual; los árboles rodeados de agua en el bañado La Estrella son impactantes; los bosques de palmeras caranday, las vueltas del río Paraguay, la música local, la gente, los olores… Uno de los primeros lugares que visitamos en el viaje fue Las Lomitas, tristemente conocida porque estuvo preso Carlos Menem. Allí aún circulan las versiones de hijos no reconocidos, amores encendidos y noches de largos festejos. Pero esa es otra historia.

Formosa tiene forma de trapecio, recostado de Oeste a Este, y dos rutas la atraviesan de extremo a extremo: las RP 81 y 86. Justo en el centro de la provincia (o casi) está Las Lomitas, la ciudad más cercana al bañado La Estrella. Eso fue lo primero que visité, y me voló la peluca. Mejor dicho, me pareció deslumbrante. Se trata de un desborde del río Pilcomayo que se produce hace no más de cincuenta años. Resulta que el cauce arrastra una gran cantidad de sedimentos, y las aguas que bajan desde Bolivia generan grandes movimientos de suelos. Eso produjo que, en la década del 50, el Pilcomayo se saliera de su cauce y formara, entre otros bañados, el actual La Estrella. Entonces, miles de árboles quedaron con el agua al cuello, o a la cintura. Por eso, lo normal es ver un paisaje de árboles ya muertos, rodeados de agua. El éxtasis de esto lo podés vivir si vas una noche de luna llena. Lo ideal es llegar cerca de las cuatro de la tarde y buscar un buen lugar para sentarse con el mate y la cámara.

El impactante jabirú

El impactante jabirú

El Bañado está atravesado por la RP28, y en la zona del puente podés estacionar y acomodarte donde quieras. Estate bien atento porque cuando el sol se pone sobre este paisaje, la sensación es pornográfica: el cielo, las pequeñas pero pomposas nubes, las siluetas de los árboles desgarbados y recortados sobre el horizonte, los reflejos en el agua, los biguás volando al ras… En esos 15 minutos, el sol que se está yendo genera unos efectos de luz que jamás me olvidaré. Y cuando creés que lo viste todo, del otro lado aparece la luna y no te alcanzan los sentidos para capturar semejante espectáculo de la Naturaleza. Y resulta que la mayoría de los argentinos no conoce Formosa. No es justo ¡para ellos!

Volví a Formosa algunas veces más, y la última fue unas semanas antes del cierre de esta edición de Ochentamundos. Con el equipo de la revista, recorrimos casi toda la provincia y otra vez tuve la sensación de que no puede estar más buena (hablando en criollo). Por esas cosas del destino de nuestro amado país, Formosa fue uno de los últimos territorios en ser incorporados a la Nación. De hecho, como provincia tiene apenas 60 años (los cumplió el 28 de junio). Por eso, en muchos aspectos aún es tierra virgen. Por ejemplo, en cuanto al tiempo de contacto entre los pueblos originarios y los criollos. En Buenos Aires y a través de los medios masivos de comunicación, se sabe que el gobierno provincial ataca despiadadamente a los aborígenes. El punto más conflictivo (según los medios) es la comunidad La Primavera. Personalmente estuve con Isaías Shitaki, un músico toba originario de ese sitio. Con mucha tranquilidad me transmitió su enojo por esa información. “Luchamos por nuestros derechos, es cierto. No debemos renunciar a eso. Pero lo que se dice es mentira”, me dijo. Algo parecido nos pasó cuando estuvimos con Miguel Velázquez, el agente sanitario de La Primavera; él y su familia nos recibieron en su casa y charlamos largo rato. “Los intereses políticos de unos pocos nos terminan afectando a todos. Nosotros estamos en paz.”

Como civilización, creo que nos debemos un replanteo acerca de cómo tratamos a los pueblos originarios. Si bien Formosa no es el paraíso, tampoco es lo que muestran los medios. Algo interesante de esta provincia es que, por Ley, sus escuelas son bilingües: se enseña en español y en lengua nativa. Así, en las aulas hay dos maestros: el criollo y el Mema, es decir, Maestro Especial de la Modalidad Aborigen, quien traduce al wichí, toba o pilagá los contenidos curriculares. Serafina Gaetán vive en Ingeniero Juárez y es una de las primeras Memas. Ella nos decía que, ahora, lo importante sería incluir dentro de los planes de enseñanza desarrollos históricos y culturales propios de los pueblos originarios.

Hablando de Ingeniero Juárez, cuando llegamos allí nos encontramos con que había una suerte de pueblada. El ambiente estaba caldeado y nosotros, en un súper Jeep Wrangler circulando por las calles, no pasábamos desapercibidos. Curiosamente, esta vez no tuvimos miedo: ya estábamos muy amigados con Formosa y su gente.

Juárez es una localidad ubicada en el extremo Oeste de la provincia, cerca del límite con Salta. No todo es color de rosa en Formosa, y acá lo pudimos sentir en vivo y en directo. La pueblada se dio por diferentes conflictos que se vienen dando entre políticos locales y las comunidades wichís; sería largo de describir pero el punto es que no llegamos en el mejor momento. En ese contexto, nos recibió un amigo: Juani Rosasco, cura párroco de Juárez. Esa noche dormimos en el salón parroquial y a la mañana siguiente, Juani y otros religiosos nos invitaron a desayunar a su mesa. No es un hotel, así que no puedo recomendarles que vayan a parar allí, pero sí les diría que visiten a Juani y sus amigos: todos conocen muy bien a la Formosa más profunda y podrían llevarse un interesante punto de vista de este rincón argentino.

Primero conocimos la Capital de Formosa, la costa del río Paraguay y sus encantos. Después viajamos al Norte y entramos al Parque Nacional Río Pilcomayo, además de haber compartido tiempo con gente de la comunidad qom de La Primavera. Días más tarde vimos el atardecer y el alunecer (si existe el término) en el bañado La Estrella. Y por último, llegamos a Juárez, en el otro extremo de la provincia. Pero nos faltaba ir un poco más allá, a la Reserva Natural Formosa, sobre la costa del río Bermejo. Así que fuimos con Esteban, uno de los guardaparques.

Conocer este otro rincón de la provincia es como ver la fotografía completa: el Este de Formosa es húmedo y verde, y a medida que se avanza hacia el Oeste, todo se torna cada vez más árido. Viajar tranquilamente por este territorio, dándole tiempo a la gente, a los atardeceres, a los aromas, a las comidas típicas, a la música y al sentir formoseño es la mejor experiencia que un viaje puede darte. Se hizo de noche en la Reserva Natural Formosa, a orillas del río Bermejo (acá se llama Teuco) y en medio del monte seco y espinoso. Todo se llenó de ruidos y hasta tuve la esperanza de cruzarnos con un yaguareté. No sucedió, pero tal vez ahí estaba y no se dejó ver. Mientras andamos por la ruta de tierra que nos devuelve a la civilización, pienso que hay que volver, pasar un par de noches en la Reserva y estar atento.

GUÍA DE VIAJE

CÓMO LLEGAR. Por avión, Aerolíneas Argentinas vuela todos los días. El aeropuerto está a pocos kilómetros del centro, con lo cual, un taxi no te cuesta más de $250. El micro tarda entre 14 y 16 horas desde Retiro. Nosotros fuimos en auto: es todo autopista hasta la ciudad de Santa Fe. Desde allí, hay dos opciones: la RP1, que bordea el Paraná, o la RN11. Las dos son de un solo carril y pasan por pueblitos. Luego, desde Reconquista es todo por la 11.

DÓNDE DORMIR: la ciudad capital tiene diferentes alternativas. Lo más top es el Howard Johnson, en la entrada. En el centro hay de todo. Nosotros paramos en el apart Las Kalas. La atención no fue buena (salvo un mozo que era un capo) y no funcionaba Internet. Nos mudamos al Asterion, en el acceso Sur de Formosa. Para mí, el mejor por precio y calidad. Tiene pileta, buen estacionamiento y el desayuno es completo. En Laguna Blanca, el hotel Guaraní es una joyita. No tiene lujos, pero es cálido. Lo atiende Víctor, decile que vas de parte de nosotros.

QUÉ HACER: lo mejor de la provincia es la Naturaleza. El Parque Nacional Río Pilcomayo tiene un acceso sencillo por Laguna Blanca. Allí hay senderos interpetativos y miradores. Imperdible: ver el atardecer en la laguna Blanca. El bañado La Estrella es, para mí, lo mejor. Llegás desde Las Lomitas (hay unos pocos hoteles; los más decentes están sobre la ruta, antes del pueblo). Es para ir un día tipo 17.00, con un buen prismático. Y te quedás hasta la noche. En este viaje descubrimos Posta Cambio Salazar, muy cerca del mirador del Bañado; hay unas cabañas de una tal Juanita. Otro sitio clave es la Reserva Natural Formosa: queda lejos y hay que ir hasta Juárez, pero vale la pena. En la ciudad, la costanera es excelente para correr, caminar o andar en rollers. Está sobre el río Paraguay y los amaneceres y atardeceres son hermosos.

+info en www.formosahermosa.gob.ar 







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