Ushuaia también se ve tan susceptible

SLIDER / VIAJES / 16 Enero, 2017

La ciudad más austral del planeta se convirtió en uno de los principales destinos turísticos… ¡del planeta! Con su clima tan patagónicamente particular, entrega una belleza única en cada paseo. En nuestro viaje, nos dedicamos a vivirla a pleno: navegamos el Beagle, caminamos el Parque Nacional, investigamos en el muso de la antigua cárcel y comimos centolla. Lo peor del viaje: el café de Aeroparque. Lo mejor, lo podés leer en esta nota.


Escribe y saca fotos: Guillermo Gallishaw

El café que te sirven en el Havanna de Aeroparque no soporta un control de calidad: la leche no tiene espuma y está hervido. Pero nadie se queja porque, a las tres y media de la madrugada, las neuronas están low bat. En el avión nos avisan que podemos ver películas y series en nuestros teléfonos inteligentes conectándonos a la red de la nave, y Maru y yo nos lamentamos por no haber traído auriculares. A poco de despegar, me duermo, pero al ratito algo me despierta. Es el señor de al lado que, como no tiene bien conectado su auricular, el sonido sale por sus parlantitos. Un poco me da ternura, porque parece como si sus hijos le hubieran comprado el celular el día anterior. Está viendo un programa de Canal Encuentro acerca de las momias egipcias y me da cosa avisarle. Al final le digo y me pide disculpas. Me vuelvo a dormir y, otra vez, algo me despierta: es el avión, que pega unas sacudidas cuando pasamos cerca de Comodoro Rivadavia. Se enciende el cartel de ajustarse los cinturones y escucho unas risas nerviosas. Cuando ya estamos cerca de aterrizar, le digo a Maru que mire por la ventana: se ve el Canal de Beagle, y montañas a ambos lados; el avión baja de a poco y, hasta el último momento, sólo se ve agua. Maru me mira con cara de “dónde está la pista”. Al fin aparece y enseguida las ruedas tocan el asfalto. “Bienvenidos a la ciudad de Ushuaia, donde la temperatura es de 6 grados centígrados”, dice la azafata, bastante apurada; cuando lo dice en inglés, se pega el micrófono a la boca y no se entiende nada. A esa altura del viaje, ya me olvidé del café horrible, de que no pude dormir y de que tengo hambre: estoy en Ushuaia, uno de mis destinos preferidos.

Lo denotativo y lo connotativo
Gabriel Laudadio, guía de montaña de Ushuaia Aventura

Gabriel Laudadio, guía de montaña de Ushuaia Aventura

De eso hablaba Marita Grillo en la clase de Teoría y Técnica de la Lengua en la Universidad. Lo denotativo es lo dicho, y lo connotativo es lo no dicho, eso que está implícito en el mensaje. Ushuaia tiene algo de eso: cuando la visitás por primera vez, te atraen cosas como el trencito del fin del mundo, el presidio del fin del mundo, el faro del fin del mundo, el alfajor del fin del mundo…

Lo dicho, lo que está a la vista. Y es así: todo eso existe y ¡está bueno! Pero lo no dicho, lo que hay más allá de eso, te vuela la cabeza. Pero, para ver eso que no está a la vista, tenés que buscar un poco. En realidad, lo primero que nos voló la cabeza fue el hotel. Se llama Los Cauquenes y está en la costa del Canal de Beagle: alto lugar para ir en pareja. De movida nos habían adelantado que tenían una propuesta que ellos la llaman Experiencia Cauquenes: te invitan a remar en kayak por el canal de Beagle, te proponen una noche romántica a bordo de su barco, hay una que es gourmet… En fin, son varias. Nosotros elegimos una especie de combinada: caminar por el Parque Nacional Tierra del Fuego y navegar en el barco de ellos por el Beagle hasta el faro Les Eclaireurs. Mientras vamos en la combi de camino al Parque, miro por laventanilla. Me llama la atención el crecimiento de esta ciudad, tan inhóspita, tan indómita. Indómita quiere decir indomable y, por momentos, así es Ushuaia, con viento arrachado y frío. Pero también es fascinante. Sigo mirando por la ventana y, de a poco, el camino va ganando altura. Las nubes están bajas, hay un viento suave pero gélido, y este clima tan impredecible deja caer algunas gotas. Unos minutos después, algunas (sólo algunas) nubes se corren y se cuelan unos rayos de sol. Se ve el cielo y, hacia abajo, los techos de colores de la ciudad, con el agua del canal de Beagle casi brillando. Enfrente, las islas Bridges y, más allá, la isla Navarino. Todo es mágico. Hasta que llegamos al portal del Parque Nacional y me distraigo. Y me enojo: hay tarifa para residentes en Ushuaia (lo entiendo), para turistas argentinos (lo entiendo) y para turistas extranjeros (no lo entiendo). Bajamos en el lago Roca y caminamos un poco. Ya hay más sol que nubes y con Maru nos decimos: “Qué bueno eh. Al final, pegamos buen clima”.

Odio los tours guiados

Y nosotros estamos en uno. Pero no me quejo porque este está bueno. Son todos extranjeros y hay un grupo de mujeres de cincuenta y largos. Una de ellas, con peinado estilo Joan Collins, nos da charla en un español bastante avanzado. Cuando agarra un poco de confianza, nos dice, casi susurrando: “Estoy devastada, no quiero volver a mi país. Que haya ganado Trump me da mucha tristeza. Y les hablo así, en voz baja, porque mis compañeras de viaje votaron por Trump. ¡Votaron por Trump! ¿Pueden creer eso?”. No le respondo, pero claro que lo puedo creer. Le digo que las sociedades son difíciles de entender. Dejamos de hablar cuando entramos al centro de visitantes Alakush, del Parque Nacional Tierra del Fuego. Y lo que veo me vuelve a traer el mismo pensamiento: qué difícil es entender a una sociedad. En el centro de visitantes me detengo en un cartel que cuenta la historia de Jemmy Button, ¿la tienen? Hace referencia a la primera expedición europea que navegó el canal de Beagle, allá por 1830. De allí viene lo de tierra del fuego, ya que estos extranjeros vieron las fogatas de los indios a lo largo de la costa. La cuestión es que Robert Fitz Roy, líder de la expedición, pensó que sería bueno llevarse a algunos de esos indios para civilizarlos y que tuvieran (comillas) “mejores oportunidades de vida”. Y cuento esto y vuelvo a pensar en esto de que las sociedades son complejas de entender. ¡Se llevó cuatro indios a Inglaterra! ¡Para “civilizarlos”! Eran tres hombres y una mujer; a ella la llamaron Fuegia Basquet, porque tenía una suerte de canasta. Y Jemmy Button, porque se lo cambiaron a su madre por un botón, aunque su nombre real era Orundellico. Increíble que en aquellos tiempos, la sociedad británica haya visto eso como algo bueno. Tan bueno que fueron presentados ante la reina. La historia completa la pueden leer en nuestra página web, escrita por Juan Martín Roldán. Lo raro de todo esto es que cuando la guía le cuenta la historia de Jemmy Button a las yanquis, ellas miran con cara de “¿y?”. Say no more.

De las cosas de Ushuaia que están a la vista (trencito, museo, presidio, centolla), la mejor es la navegación por el canal de Beagle.
Vista del faro Les Eclaireurs, desde el barco Akawaia

Vista del faro Les Eclaireurs, desde el barco Akawaia

Nosotros tenemos la suerte de ir en el Akawaia, un barco para pocas personas, vidriado y con una guía que explica que el canal tiene 180 kilómetros de largo y que une los océanos Pacífico y Atlántico. Mientras ella habla, el Akawaia avanza hacia el Este, para llegar hasta el faro Les Eclaireurs y, al pasar por unos islotes de roca, veo muchos cormoranes. ¿Los conocés? Este es el cormorán imperial, de plumas negras brillantes (en el pecho son blancas) y una piel azul alrededor de los ojos; tiene una perilla nasal (así dice la guía de aves) anaranjada y sus patas son rosadas (son los de la foto de apertura de esta nota). Como nidifican en rocas, pasamos cerca de estos islotes y podemos verlos a pocos metros. Miden hasta 78 centímetros de alto y se alimentan de peces. ¿Cómo los agarran? ¡Buceando! Se sumergen hasta 25 metros de profundidad. Son increíbles, y hasta se parecen a los pingüinos, salvo que los cormoranes vuelan. Las aguas del Beagle están agitadas, pero el capitán se las arregla para pasarle cerca al islote Les Eclaireurs, donde se levanta el faro. Me resulta argentinísimo que algunas agencias de turismo vendan esta excursión como visita al faro del fin del mundo, porque claramente no lo es. El de la novela de Verne se refiere al de la isla de los Estados. Pero cada vez que veo al Les Eclaireurs, me da la sensación de que es un faro mágico, con personalidad, que tiene la virtud de darle al paisaje un matiz heroico, con montañas nevadas, aves revoloteando y que, visto desde el Oeste, crea un punto de fuga descomunal con el canal de Beagle que se pierde en el horizonte. Traducido al español quiere decir Los Exploradores, y me imagino que cada embarcación que le pasa por al lado de esta faro, yendo hacia el Atlántico, se convierte en exploradora.

Caminata con el río Lapataia de fondo, dentro del Parque Nacional Tierra del Fuego

Caminata con el río Lapataia de fondo, dentro del Parque Nacional Tierra del Fuego

Había leído que Los Cauquenes ganó un premio por ser un hotel sustentable, y me preguntaba porqué. Para los que difundimos la sustentabilidad desde la primera hora, el hecho de que hoy todo sea sustentable es un poco frustrante. A veces veo avisos de empresas que dicen: “Nuestros colchones son sustentables, nos preocupa el medioambiente” y me dan ganas de preguntarles si saben de qué están hablando. O, mejor, preguntarle a algún cliente si compra esos colchones porque les dijeron que son sustentables. En fin… “No te engranes”, me diría mi viejo. El punto es que Los Cauquenes es un hotel sustentable y, entre otras cosas, se debe a que le da trabajo a gente local, apoya actividades culturales y deportivas de la ciudad y, claro, sus acciones intentan generar el menor impacto ambiental posible. Eso de darle trabajo a profesionales de Ushuaia lo valoro casi personalmente porque conozco a algunos de ellos y veo cómo la empresa valora su trabajo. Es el caso de Gabriel Laudadio, a quien le dicen Nacho (¿?), que es guía de montaña y Los Cauquenes lo contrata para hacer actividades en el glaciar Martial. Y te aseguro que es una re experiencia: caminan desde la base de la montaña, atravesando primero el bosque de lengas, para llegar a la zona alta donde ya hay nieve y ver la ciudad desde arriba. Pero también conozco a Isabel Ledesma, la guía del barco Akawaia; este hotel la contrata para hacer las guiadas a bordo. Isabel es nacida y criada en Ushuaia, igual que su madre, y tiene un profundo conocimiento del lugar. Y, algo importante, lo transmite muy bien. Los chicos de Canal Fun también son contratados por Los Cauquenes para una experiencia descomunal. Bueno, al menos para mí. Ellos reman en kayak por el Beagle, y ver cormoranes o petreles volando desde el medio del canal, ¡o ver la ciudad!, es algo realmente único. Y a esto me refiero con las cosas que no están a la vista de Ushuaia y que vale mucho la pena vivir, experimentar. Con Maru decidimos darnos un tiempo para experimentar un programa clásico de Ushuaia: el presidio del fin del mundo. La entrada para argentinos cuesta $250 y en la recepción me encuentro que una chica que nos atiende con tan pocas ganas que me dan ganas de decirle que, si no tiene ganas, lo mejor es poner cara de que tiene muchas ganas y, aunque sea, regalarnos una sonrisa. No le digo nada y entramos. Si visitaste este lugar hace 15 años, te cuento que cambió. Y para bien. El edificio tiene cinco pabellones de dos plantas cada uno, y en todos tenés cosas para ver. Me llamó la atención porque tiene una especie de narrativa de viaje, y a medida que vas caminando, vas reconstruyendo la historia de Ushuaia desde distintos aspectos. Todo lo que tiene que ver con el presidio en sí mismo es de locos. A fines de 1800, la cárcel funcionaba en la isla de los Estados, pero al poco tiempo se dieron cuenta de que era inviable. De hecho, cuando la estaban por cerrar, un grupo de convictos mataron a dos guardias ¡y se escaparon en bote, cruzando el estrecho de Le Maire! Los atraparon en el canal de Beagle. Ahí fue que, por razones humanitarias, decidieron trasladar la cárcel a Ushuaia donde, al principio, los presos vivían en casas (de hecho, fueron ellos mismos los que construyeron el presidio). Con Maru nos metemos en un pabellón que está tal cual como cuando cerraron la cárcel, allá por 1947, y es meterse en un túnel del terror. El resto del edificio está bien preparado para el turista, con buena calefacción, pero una vez que entrás acá, sentís cómo vivían los presos: paredes anchas, calefacción escasa, celdas diminutas y, afuera, un clima que la mayor parte del año es hostil. Esto sí que era cumplir una condena. Lo último que hacemos es recorrer el pabellón en el que hay una galería de arte, donde se ven obras de pintores locales. Me llama la atención un mural de Lucas Mieres en el que un grupo de yámanas mira a los ojos al espectador. Salimos del edificio y garúa.

Con Maru pensamos en ir a comer algo rico y salimos en busca de una buena centolla. Es domingo al mediodía y caminamos por la Avenida Maipú, que es la costanera. El primer restorán que vemos, cerrado. El segundo, cerrado. El tercero, ¿adivinen? Le digo a Maru que debe de ser feriado en la ciudad, porque que un domingo al mediodía estén cerrados, es raro. Seguimos caminando y damos con uno que está abierto. No era feriado; simplemente, los domingos al mediodía no abren (anotá el dato). Maru es Mariela Reynoso y si bien ya viajamos bastante, nunca me había acompañado en plan de trabajo. Así que la experiencia es nueva para los dos. Durante la última mañana, salimos a correr por la costa del Beagle hacia el Oeste. Llegamos a un repecho sobre el agua y frenamos para ver el paisaje. Ella se acerca al agua, casi hasta tocarla, y yo mantengo distancia. Veo el Beagle que se pierde hacia el Este, algunas construcciones de la ciudad a mi izquierda, y las montañas a ambos lados del canal. Otra vez las nubes casi transparentes que avanzan por encima del Canal me dejan hipnotizado. Miro y vuelvo a mirar. No traje la cámara, así que trato de retener esa imagen. Aún la tengo en mi mente. Maru vuelve corriendo por encima de las rocas, con el Beagle de fondo, y las montañas y las nubes y la ciudad. “¿Volvemos?”, me dice.

Guía de viaje

Cómo llegar. El avión tarda algo más de tres horas desde Aeroparque. Vuelan Aerolineas Argentinas y Austral, y el pasaje ida y vuelta ronda los $4.000 (siempre depende de la anticipación con la que compres el ticket). Si vas desde Buenos Aires, ir en auto no es lo más cómodo, pero recomiendo hacerlo. El cruce del Estrecho de Magallanes en barcaza y la RN3 ya en la isla de Tierra del Fuego es una experiencia hermosa, con unos cielos sin igual.

Vista del Canal de Beagle desde el hotel Los Cauquenes

Vista del Canal de Beagle desde el hotel Los Cauquenes

Dónde dormir. Hoy en día, Ushuaia tiene alternativas para todos los gustos. Los Cauquenes debe de ser el mejor hotel en cuanto a ubicación, servicios y propuesta general. Bueno, las habitaciones que dan al canal de Beagle tienen una vista pornográfica, con unos atardeceres propios del extremo sur del continente. Aconsejo seguir las actualizaciones de sus redes sociales para enterarte de promociones. Desde el mismo hotel te ofrecen actividades (las llaman “experiencias”) como navegar el Beagle en un barco propio, recorrer el Parque Nacional Tierra del Fuego, subir hasta la base del glaciar Martial o hasta una cena romántica en medio del canal. www.loscauquenes.com

Qué hacer. El tren del fin del mundo. Es pintoresco y recorre una parte del trayecto que hacían los presos; de hecho, ellos lo utilizaban para transportar leña. Va bordeando el hermoso río Pipo, y podés ver distintos ambientes de esta zona: montaña, turbal, bosque. Tiene tres horarios: a las 9.30, 12.00 y 15.00. Cuesta $690. Museos. Del Fin del Mundo. Venir hasta Ushuaia y meterse en un museo puede sonar aburrido. Y un poco puede ser. Pero te aconsejo que lo visites porque, al ser una iniciativa de vecinos, tiene un espíritu muy genuino y cuenta a Ushuaia desde diferentes aspectos. Además, hacen un trabajo de investigación excelente. Marítimo y Presidio. Tiene distintas alas donde podés ver cómo fue la cárcel, algunos de sus presos más famosos, y también hay exposiciones sobre la navegación en la zona y sobre los primeros habitantes de estas islas. Yámana. Creo que es imperdible. ¡Mirá las críticas en TripAdvisor! No tiene página web, aunque sí FB. Subir un cerro. Las montañas de Ushuaia son especiales para el trekking, ya que no tienen una altura agobiante. Como contracara, son demandantes, ya que subís desde el nivel del mar. Hay varias opciones amigables, pero la que sube al glaciar Vinciguerra y laguna de los Témpanos creo que es las que más garpa, diría mi amigo Diego. Te conviene hacerla con Gabriel Laudadio, guía nacido y criado en Ushuaia. Es joven, buena onda, con mucho conocimiento de montaña y responsable. www.ushuaiaaventura.com +info: www.turismoushuaia.com

 



 







Nota anterior

Asistencia al viajero: cosas que no sabías

Siguiente nota

¿Por qué deberías prestarle atención a estos chicos?




Más historia

Asistencia al viajero: cosas que no sabías

¿Cómo es tu proceso de búsqueda de información antes de un viaje? ¿Sabías, por ejemplo, que el 40% de las personas...

16 January, 2017