Amigos en el camino

VIAJES / 26 Noviembre, 2015

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Llego una noche a un pequeño restorán en El Chaltén y no hay lugar libre. La mesera me dice: “pero esta mesa de acá es para compartir”. Me siento junto a tres extraños y en seguida me dan charla. Un señor de unos sesenta años de Canadá, y una pareja de médicos de Nueva York. El canadiense me contó que había estado en Torres del Paine, en uno de los tres refugios que hay dentro del Parque Nacional. “Es realmente increíble, lleno de gente joven. Salimos a caminar y es algo impresionante. ¡Bueno, esto también!”, me dice. Muchos de los extranjeros con los que me crucé, me contaban que habían combinado Torres del Paine con El Chaltén. Pero el dato más curioso aún es que la mayoría de la gente con la que me crucé en este viaje (noviembre 2015) provenía de otros países: Estados Unidos, Israel, Canadá, Francia, Holanda, Rusia, Brasil.

Cuando el hombre de canadá se fue, me quedé charlando un largo rato con estos jóvenes doctores de Nueva York. En realidad, él es de Florida pero ambos viven en Manhattan. Más allá de que un taxista los había estafado en Buenos Aires, estaban muy contentos con su trip por la Patagonia sur.

Ese mismo día, pero a la mañana, conocí un israelí que había vivido dos años en Texas, y hablaba como un texano. Ambos coincidimos en una salida en la que te llevan a escalar algunas paredes del glaciar Viedma. Al principio me pareció soberbio y casi no hablé con él, pero a medida que transcurrió el día, fuimos charlando cada vez más. En un momento, el guía nos propuso descender por una terrible e interminable grieta. Realmente, daba miedo. Jonathan se animó, y cuando salió, me dijo: “Es escalofriante. ¡No sé porqué hago esto! Estuve en el ejército y nos hacían saltar en paracaídas. ¡Era ridículo! Saltar de un avión, sin motivo alguno, no es humano. Pero esto lo hice porque quise, y me dio miedo. Mucho”.

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Al día siguiente, conocí una tímida pero simpática pareja de Paris. Ella (Carmen) es francesa, pero él es de Vietnam. “Mi familia se mudó a Francia cuando yo tenía cuatro años, por la guerra. Así que me crié en Paris.” Me explicó que su nombre, en español, sería Lorenzo. Lo raro fue que hicimos un descenso en kayaks sit on top por el río de las Vueltas, y ninguno de los dos había remado jamás. La bajada es sencilla, pero tiene algunas complicaciones, como pequeños rápidos o ramas y piedras que esquivar. Ambos hablaban inglés, y Lorenzo estaba tratando de practicar lo que había estudiado de español. Cuando llegamos al final, estaban felices. Se abrazaban y besaban.

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Carmen y Lorenzo, Francia.


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