REPORTAJE AL DIRECTOR DE FUNDACIÓN VIDA SILVESTRE

MEDIOAMBIENTE / 9 octubre, 2015

Diego Moreno, Director Ejecutivo de la Fundación Vida Silvestre Argentina, explica los grandes problemas ambientales del mundo y de la Argentina. Asegura que la clave es la forma en la que la Humanidad utiliza los recursos naturales y produce lo que el crecimiento demográfico demanda. Lejos de posiciones fundamentalistas, trabaja para generar puntos de encuentro entre ambientalistas y productores. Escribe Juan Martín Roldán. Fotos: gentileza FVSA.

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Diego Moreno tuvo su primer contacto con la Fundación Vida Silvestre Argentina en 1989, cuando participó de un safari educativo organizado por la institución en Hua-Hum, en el Parque Nacional Lanín. Esa fue una de las claves que lo llevó a estudiar biología y, siete años más tarde, ya con el título bajo el brazo, ingresó en FVSA para participar del programa de refugios de Vida Silvestre. En 2008 se convirtió en su Director Ejecutivo, cargo que mantiene hasta hoy. Por eso la voz de este hombre de 42 años, palabra firme y ritmo tranquilo, es una de las más autorizadas para hablar sobre la problemática ambiental en el país.

-Si bien el tema ambiental es muy complejo, ¿podés resumir los grandes problemas que enfrenta la Humanidad en el área ambiental?

-La base de todos los problemas es la forma en la que sociedad está utilizando los recursos naturales; o sea, hoy está planteado el crecimiento económico como el gran objetivo de toda la Humanidad y nos encontramos con que el planeta tiene una capacidad limitada para proveer esos recursos que le demandamos. Y cuando hablamos de recursos estamos hablando de energía, minería, petróleo, tierras para producción de alimentos y para captar y fijar todos los contaminantes que largamos a la atmósfera.

-La Humanidad sigue creciendo en número y hay que alimentar a todos. Para generar esos alimentos hace falta energía, y la matriz energética mundial tiene una gran base hidrocarburífera. Si seguimos en este mismo camino, ¿vamos al colapso?

-Sí, si vamos por este mismo camino sí, vamos a empezar a sufrir problemas cada vez más serios. Algunas consecuencias del cambio climático ya son evidentes, en varias partes del mundo y en la Argentina también. Está claro que es necesario alimentar a la población mundial, proveerla de energía también, pero hay formas y formas de hacerlo, lo que estamos planteando justamente son nuevos modos de generar los mismos beneficios pero con un impacto ambiental mucho menor.

-¿Hacia dónde tenemos que ir, qué posibilidades concretas y accesibles tenemos de ir cambiando esa matriz energética?

-Las posibilidades están; hoy a nivel tecnológico las opciones son muchas, variadas y viables. En términos económicos, lo que hasta hace unos años era caro se ha hecho bastante competitivo y rentable. Hay países como España o Alemania que tienen un porcentaje importante de su matriz energética basada en energía eólica o solar, o biomasa. En el caso de la Argentina en particular tenemos un potencial muy variado, como la energía eólica en la Patagonia, la energía solar en todo el Oeste, la biomasa en la región pampeana, que se puede utilizar para producir gas.

-Días atrás, la FVSA difundió un dato alarmante: en los últimos 40 años, la cantidad de individuos de fauna salvaje se ha reducido a casi la mitad. En términos prácticos, ¿por qué es importante conservar la vida silvestre?

Hoy por hoy la biodiversidad tiene un montón de beneficios. Y cuando hablamos de biodiversidad hablamos también de cuidar a las especies en su hábitat natural, en sus ecosistemas, que brindan bienes y servicios a la sociedad, que muchas veces no dimensionamos. La selva de yungas, por ejemplo, brinda una protección vital a las cabeceras de buena parte de las cuencas hídricas que cruzan después hacia la llanura, y su ausencia genera grandes problemas de inundaciones. La fauna tiene una serie de beneficios como el turismo, en el que la Argentina tiene una fuente de ingresos importante. Hay encuestas que dicen que muchos turistas que llegan al país, vienen atraídos por sus riquezas naturales. Además, el caso del guanaco, por ejemplo, conlleva una alternativa interesante para los ganaderos, ya que ha habido experiencias exitosas de aprovechamiento de su lana, tanto de individuos de cría como de grupos silvestres, que no manifiestan problemas posteriores. La fauna también se puede mirar con esta perspectiva, desde el punto de vista productivo.

-Y si hablamos de un animal como el yaguareté, ¿por qué es importante que siga estando?

-El yaguareté tiene, dentro del ecosistema, una función muy importante, porque es el principal predador de la selva misionera, o del Chaco, o de las yungas. Por otro lado, nosotros hicimos una encuesta hace poco en Misiones, y vimos que para la sociedad local tiene un arraigo cultural muy fuerte, algo que por supuesto es más intangible.

-Los problemas que nombrabas en el ámbito global ¿se trasladan a nuestro país? ¿Son los mismos?

-En Argentina tenemos una ventaja: nuestro territorio es muy amplio y diverso en términos de recursos, y nuestra población es relativamente pequeña en términos de densidad, por eso el consumo de esa población está por debajo de lo que la tierra puede producir. La degradación no es tan fuerte como en otras partes del mundo, no ha sido tan fuerte en estas últimas décadas. Por otro lado, la Argentina tiene todavía pendiente hacer varias cosas en materia de desarrollo y tenemos la oportunidad de definir qué tipo de inversiones necesitamos para lograr un desarrollo más sustentable, podemos innovar un poco y abordar una agenda más amplia.

-Cerca de Comodoro Rivadavia hay un pequeño parque eólico que está hace muchos años, pero después no se continuó con el tema, ¿por qué?

-Hubo algunos proyectos que llegaron a concretarse en Rawson y Puerto Madryn, pero por ahora son iniciativas con una capacidad muy pequeña.

-¿Cuántos molinos tenés que poner para que, por ejemplo, Comodoro se autoabastezca con energía eólica?

-No tengo el dato exactamente, pero el pequeño parque que tiene Comodoro brinda aproximadamente el 20 por ciento del consumo eléctrico de la ciudad. Hoy inclusive hay generadores eólicos mucho más eficientes.

-Y con los paneles solares, ¿qué superficie hace falta cubrir para proporcionar un nivel de energía significativo?

-Para que te des una idea, si la superficie que abarca el embalse de El Chocón la cubrieras con paneles fotovoltaicos, generarías tres veces el consumo total de la Argentina. Con el tema eólico pasa algo similar: el potencial de la Patagonia alcanza para proveer varias veces la demanda nacional. Por supuesto que hace falta una inversión muy grande, para instalar los equipos y las redes de transmisión, pero después el costo de la energía es menor.

-¿Es incorrecto construir más represas hidroeléctricas?

-No. Nosotros lo consideramos una opción válida, siempre y cuando se tengan en cuenta algunas cuestiones: en áreas tropicales y subtropicales, como el Norte del país, las grandes represas son un problema, por sus consecuencias ambientales. En general, creemos que lo mejor es que haya varias represas de menor tamaño.

-Hablar de calentamiento global y cambio climático es hoy un lugar común, ¿son una realidad, o son aún peligros futuros?

-Hay un dato certero: en los últimos 100 años, la temperatura global ha aumentado, en promedio, ocho décimas de grado. Incluso los modelos climáticos muestran que si hoy se cortaran todas las emisiones de gases de efecto invernadero, por la acumulación que ya está en la atmósfera, la temperatura seguiría aumentando hasta aproximadamente 2030.

-¿En la Argentina se ven signos del cambio climático?

-Sí. Todos estos picos de sequías, inundaciones en varias partes de nuestro país…

-¿Son efectivamente causados por la acción del hombre? Porque las inundaciones no son algo nuevo, y hay, por ejemplo, registro de una larga sequía en tiempos de Juan Manuel de Rosas…

-Es muy difícil poder asociar un evento particular al cambio climático, pero cuando mirás una línea temporal y ves la frecuencia y la intensidad de esos eventos, ves que en los últimos años se ha incrementado. Lo llamativo es la recurrencia de los eventos extremos, lo que sí está asociado al cambio climático.

-Algo parecido se puede decir de los glaciares: hace 10.000 años, que en términos geológicos es muy poco, los hielos cubrían toda la Patagonia. Entonces, el retroceso que vemos actualmente, ¿es la continuación del mismo proceso de retiro, o se aceleró en los últimos años?

-Se ha acelerado, sin dudas. Lo mismo podemos decir de la extinción de especies: hubo siempre, pero la tasa de extinción hoy está 100 veces por encima del nivel histórico. Esto está comprobado científicamente. Por supuesto que hay otras voces dentro de la comunidad científica, pero el 90 o 95 por ciento de las publicaciones van en esta dirección, de modo contundente. Inclusive diría que se están cumpliendo las peores predicciones al respecto que se hicieron cuando se empezó a estudiar el tema.

-Una teoría de los defensores de la deforestación para ampliar la frontera agropecuaria dice que el reemplazo de montes nativos por áreas de cultivo es, en definitiva, mejor para el ambiente, porque su renovación continua genera más oxígeno y consume más dióxido de carbono, ¿es cierta?

-Primero: cuando sacás el bosque nativo, lo que estás haciendo es liberar a la atmósfera todo el carbono que tienen acumulado en masa aérea, en el sistema de raíces… y esa emisión no la compensan después los cultivos. Es verdad que un bosque maduro lo que capta de dióxido de carbono lo vuelve a liberar con sus procesos naturales, está estabilizado; pero lo mismo pasa con el cultivo: crece y muere, fija y libera, continuamente. La pérdida inicial no se recupera. Además, a los cultivos les tenés que sumar todos los insumos, en maquinaria agrícola, en agroquímicos, carbono que le estás agregando al sistema, por lo que no me parece un argumento sólido. Por supuesto que las áreas de cultivo son necesarias, como ya lo dije, pero el tema es dónde sembramos y con qué tecnologías, cosas que se pueden trabajar para compatibilizar la conservación de los bosques con el desarrollo.

-A veces se plantean estos dos temas de un modo inconciliable.

-Nosotros creemos que hay cantidad de formas de hacer compatibles ambas cosas, hay ejemplos de trabajos que hemos hecho con el Inta, con la Facultad de Agronomía. En la cuenca del Salado, provincia de Buenos Aires, pusimos en funcionamiento un modelo de ganadería sustentable con el que, después de cinco años, logramos mejorar los pastizales naturales (con mayor diversidad de especies forrajeras nativas) y, al mismo tiempo, incrementar la producción de carne en un 70 por ciento. Es un ejemplo claro de que las dos cosas no solamente son compatibles, sino que pueden mejorar simultáneamente.

-En materia energética, ¿qué se puede hacer en lo cotidiano?

-En energía, el tema es la eficiencia. Hoy existen alternativas que podrían representar para la Argentina un ahorro de un 30 por ciento, por ejemplo la etiqueta de eficiencia en electrodomésticos. En heladeras, a partir de 2007 se reconvirtió la oferta y ese cambio en la oferta va a generar en 2020 un ahorro equivalente a lo que produce Atucha 1. Hay un espacio enorme para trabajar ahí. Otro ejemplo contundente es el de las llamitas de los pilotos de los calefones y termotanques, que consumen alrededor de tres millones de metros cúbicos de gas por día, un 20% de lo que importamos de gas de Bolivia; esa llamita hoy se puede reemplazar, porque existe la tecnología para hacer un piloto electrónico, que hace una chispa a demanda. Lo insólito es que se fabrica en la Argentina, pero no se utiliza en el país.

-¿Qué pasa con la frontera agropecuaria, cómo conciliamos el crecimiento poblacional con la conservación del monte  nativo?

-Nosotros creemos que va a seguir expandiéndose, y entendemos que es algo importante para el país, porque su matriz productiva se basa en buena medida en eso. La Ley de Bosques plantea áreas rojas (de conservación total), amarillas (que permiten una explotación servo-pastoril) y verdes (que se pueden utilizar para agricultura). El tema es que no en todas las provincias se está respetando lo que ellas mismas hicieron, e inclusive en algunas no se terminó de hacer el ordenamiento. Es posible hacer un crecimiento planificado.

-¿Cuál es el papel de las ONGs en todo esto?

-Hay distintos roles y cada organización toma más fuerte alguno de ellos. Me parece que es fundamental instalar con más fuerza estos temas en la sociedad. La gente, por lo general, hoy se preocupa por los temas ambientales, lo demuestran las encuestas que hay en la materia, pero esas mismas encuestas dicen que un porcentaje muy alto de la población está poco informado. Generar conciencia, acercar mejor información sobre los problemas ambientales y sobre los aportes que cada uno puede hacer desde su lugar es uno de los roles que la sociedad civil puede cumplir. También debemos lograr que estos temas lleguen a la agenda pública, para generar políticas. Otro rol es tender puentes entre los diferentes sectores que intervienen.

-¿Y los medios?

-Son un poco el reflejo de lo que ocurre en la sociedad. Les preocupa el tema, está bien visto hablar sobre la problemática ambiental, pero no existe buena información.

-¿Se informa mal muchas veces?

-Sí, yo creo que sí. No se profundiza, se tratan los asuntos de forma superficial, se los incluye en las secciones de Sociedad, se quedan en lo pintoresco, pero cuando empezás a hablar de cómo cruza la temática ambiental cuestiones que tienen que ver con la economía, por ejemplo… Me parece que hay poca conciencia del rol que juega el medio ambiente en la economía en un país como la Argentina.

-La mayoría de las veces, lo que sale a la luz sobre el tema ambiental es un bajón, pero también hay buenas noticias, el trabajo rinde, ¿no?

-Sí, el trabajo rinde, seguro. En cuanto a políticas ambientales estamos mejor que hace algunos años, e iniciativas como la del yaguareté en Misiones demuestran que es así. Del otro lado, las amenazas son mayores, cada vez somos más personas en el mundo, el nivel de vida aumenta y con él, las demandas y las presiones. Los esfuerzos a veces no alcanzan, pero igualmente los temas no son inabordables, hay que seguir trabajando para conciliar conservación y desarrollo.

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